TIEMPO DE CALIDAD

Laporta

Tranquilidad… no vamos a hablar de fútbol (ni de política). Hace un par de días, aprovechando que la actualidad veraniega pasa por el mercado de blanqueo de… perdón, quiero decir de compra-venta de futbolistas, le hicieron una entrevista en la Radio al señor de la foto que como buen pez gordo mediático (vaya, he prometido que no hablaría de política) gusta siempre de responder alguna preguntilla sobre su vida privada.

Al grano, cuando le preguntaron sobre cómo se las arreglaba para conciliar su ajetreada vida laboral con la familiar (tiene tres hijos), Joan dijo: no sólo no es un inconveniente sino que la relación con mis hijos podría calificarla de mejor de lo normal, ya que el tiempo que paso con ellos es tiempo de calidad. Lástima! Una persona inteligente no debería creerse ese tipo de cosas, y si no se las cree no debería decirlas en público, que la gente suele tomarse en serio a personajes como él.

La expresión “tiempo de calidad”, muy del gusto de los progenitores ausentes en nuestra sociedad de consumo cuando se refieren a la relación con sus hijos, es una falacia. Para empezar (y esto se aplica también al uso que se hace en la Escuela de la palabra “calidad”) no es un concepto positivo en sí mismo, como lo pueden ser otras palabras acabadas en “-dad”: bondad, felicidad,… Según el diccionario de la RAE calidad es la “propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor”. Es decir, que la calidad puede ser buena o mala. Y en este caso siempre es MALA, malísima, porque

TIEMPO DE CALIDAD = POCO TIEMPO

El gran error de los padres que pasan pocas horas con sus hijos es pretender a toda costa que ese tiempo sea idílico. En el mejor de los casos terminaremos colmando sus exigencias, pero no sus necesidades. En España siempre nos hemos burlado de la manera en que los japoneses emplean su tiempo de vacaciones. Su obsesión es visitar el mayor número de lugares en el menor tiempo posible (porque tienen muy pocos días) y, por supuesto, que quede documentado en imágenes. ¿Qué pasa si sale una semana tormentosa o hay huelga de transportes? ¿Qué pasa si da la casualidad de que cuando llegamos a casa nuestros hijos están de mal humor, están ya cansados o simplemente resentidos con nosotros?

Imagínate que un trabajador va a ver a su jefe a su despacho y le dice: Don Armando, últimamente me he dado cuenta de que paso demasiadas horas aquí. Pero no se preocupe, a partir de mañana le aseguro que todo el tiempo que  permanezca en mi puesto va a ser de calidad. Sin duda, lo primero que hará don Armando cuando cierre la puerta es llamar a Personal para que vayan preparándole el finiquito a este chalado.

Parece una broma, pero no lo es tanto. Veámoslo ahora desde la perspectiva del empresario… El video que incluimos a continuación muestra las instalaciones de la empresa Google en Zurich…

Increible pero cierto, y es una estrategia que las empresas más innovadoras saben que funciona. ¿Google es un modelo de filantropía? ¿El presidente de la Compañía sufre alguna desviación que le hace creerse la madre de sus empleados? Por supuesto que NO. La empresa sabe que el tiempo de calidad (de la buena) que un empleado puede ofrecer no se puede empaquetar en blister y repartirlo por horas. Especialmente en trabajos donde la materia prima es el conocimiento y la creatividad, la idea feliz puede surgir en el momento más inesperado. ¿Solución? Que el empleado permanezca en su puesto de trabajo el mayor número de horas posible, y además encantado de la vida. La manera de trabajar en Google es famosa en el mundo entero, y mucha gente piensa… “Quién pudiera trabajar así”. La trampa es que uno puede llegar a preferir estar en el trabajo a estar con su familia y es un proceso que se agudiza con el paso del tiempo.

Ser padre o madre tiene sus parecidos con ser empresario, lo malo es que a tus hijos no los puedes despedir. Así que, aunque en la televisión se hable de los abnegados padres (especialmente en septiembre) como excusa para hablar del dinero que cuestan sus hijos, lo más rentable a largo plazo es gastar en ellos lo imprescindible y dedicarles el máximo de tiempo posible.

Resumiendo, para darle a los hijos la mejor educación solamente hay dos alternativas:
1)    Invertir muchísimo dinero (lo cual no es garantía de nada).
2)   Dedicarles muchísimo tiempo (la mejor inversión posible).

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